She liked handling him. She loved having his body in her charge, absolutely, to the last menial offices. She said to Connie one day: > “All men are babies, when you come to the bottom of them. Why, I’ve handled some of the toughest customers as ever went down Tevershall pit. But let anything ail them so that you have to do for them, and they’re babies, just big babies. Oh, there’s not much difference in
Al principio, la señora Bolton había pensado que de verdad había algo diferente en un caballero, un caballero de verdad, como sir Clifford. Así que Clifford se le había ganado a pulso. Pero poco a poco, al conocerle las entrañas, por usar su propia expresión, descubrió que era como los demás, un bebé crecido hasta adquirir proporciones de hombre: pero un bebé con un carácter raro, unos modales refinados y poder para controlarlo, y toda clase de conocimientos extraños que jamás había imaginado, con los que aún podía intimidarla.
A Connie a veces le tentaba decirle:
—¡Por el amor de Dios, no caigas tan horriblemente en las manos de esa mujer!
Pero al final descubrió que él no le importaba lo suficiente como para decirlo.
Aún conservaban la costumbre de pasar la tarde juntos, hasta las diez. Entonces hablaban, o leían juntos, o revisaban su manuscrito. Pero la emoción había desaparecido.
A ella le aburrían los manuscritos de él. Pero aún así, cumplidora, se los pasaba a máquina. Aunque con el tiempo incluso Mrs. Bolton haría eso.