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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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XI

Verá, en realidad no le importaba. Yo se lo achaco a la mina. Nunca debería haber bajado a la mina. Pero su padre lo hizo bajar de muchacho; y luego, cuando ya has pasado de los veinte, no es muy fácil salir”.

“¿Dijo que lo odiaba?”

“¡Oh, no! ¡Nunca! Jamás dijo que odiara nada. Simplemente puso una mueca graciosa.

Era de los que no se cuidan: como algunos de los primeros muchachos que se fueron tan alegres a la guerra y cayeron enseguida. En realidad no era un descerebrado. Pero no le importaba nada.

Yo solía decirle: «¡No te importan ni Dios ni nadie!». ¡Pero sí le importaban! ¡Cómo se quedó sentado cuando nació mi primer hijo, sin moverse, y con esa especie de mirada fatal con la que me miró cuando todo acabó! Lo pasé mal, pero tuve que consolarlo. «¡Todo va bien, muchacho, todo va bien!», le dije. Y me dirigió una mirada, y esa especie de sonrisa extraña. Nunca dijo nada.

Pero no creo que disfrutara de verdad conmigo por las noches después de aquello; nunca se dejaba llevar del todo. Yo solía decirle: «¡Ay, déjate ir, muchacho!» —a veces le hablaba con acento cerrado—. Y él no decía nada. Pero no se dejaba llevar, o no podía. No quería que yo tuviera más hijos.

Siempre culpé a su madre por dejarlo entrar en la habitación. No tenía por qué haber estado allí. Los hombres le dan muchas más vueltas a las cosas de lo que debieran, una vez que empiezan a rumiarlas”.

—¿Le importaba tanto? —dijo Connie con asombro.

“Sí, como que no le parecía natural, tanto dolor. Y eso le estropeaba el gusto por su cacho de amor conyugal. Yo le decía: Si a mí no me importa, ¿por qué te ha de importar a ti? ¡Es cosa mía!⁠—Pero todo lo que él atinaba a decir era: ¡No está bien!”.

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