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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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XVIII

“No me hables de ella”.

“¡Sí! Tienes que dejármelo. Porque una vez te gustó ella. Y una vez fuiste tan íntimo con ella como lo eres conmigo. Así que tienes que decírmelo. ¿No es bastante terrible, cuando has sido íntimo con ella, odiarla tanto? ¿Por qué es?”

“No lo sé. De algún modo, ella mantenía su voluntad en guardia contra mí, siempre, siempre: su espantosa voluntad de mujer: ¡su libertad! ¡La espantosa libertad de una mujer que termina en la más bestia de las tiranías! Oh, siempre mantuvo su libertad contra mí, como vitriol en mi rostro.”

“Pero ella no está libre de ti ni ahora. ¿Aún te ama?”

“¡No, no! Si no se libra de mí, es porque tiene esa rabia loca, tiene que tiranizarme.”

“Pero debió de haberte querido”.

“¡No! Bueno, en ciertos aspectos, sí. Le atraía. Y creo que hasta eso le repugnaba. Me amaba por momentos. Pero siempre se reprimía y empezaba a tiranizarme. Su más hondo deseo era tiranizarme, y no había forma de cambiarla. Su voluntad estaba torcida desde el principio”.

“Pero tal vez sintió que tú no la amabas de verdad, y quería lograr que lo hicieras”.

“Dios mío, fue la de dios es cristo hacerla.”

—Pero tú en realidad no la querías, ¿verdad? Le hiciste ese daño.

—¿Cómo iba a poder? Empecé a hacerlo. Empecé a amarla. Pero, de algún modo, ella siempre me destrozaba. No, no hable-mos de eso. Fue una fatalidad, eso fue. Y ella era una mujer condenada.

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