gran ayuda.
Pero todavía deseaba las viejas y entrañables veladas de charla con Connie; charla o lectura en voz alta. Pero ahora podía arreglar que la señora Bolton viniera a las diez para interrumpirlos. A las diez, Connie podía subir y estar sola. Clifford estaba en buenas manos con la señora Bolton.
La señora Bolton comía con la señora Betts en el cuarto del ama de llaves, ya que todas congeniaban. Y era curioso lo mucho más cerca que parecía haber llegado el servicio; justo hasta las puertas del estudio de Clifford, cuando antes quedaban tan lejanos.
Pues la señora Betts a veces se sentaba en el cuarto de la señora Bolton, y Connie oía sus voces bajas, y sentía de algún modo la vibración fuerte y distinta de la gente trabajadora casi invadiendo la sala de estar, cuando ella y Clifford estaban solos. Así de cambiado estaba Wragby tan solo con la llegada de la señora Bolton.
Y Connie se sintió liberada, en otro mundo; sentía que respiraba de otra manera. Pero aún temía cuántas de sus raíces, quizás vitales, estaban enredadas con las de Clifford. Aun así, respiraba con más libertad; una nueva fase iba a comenzar en su vida.