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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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II

Connie daba paseos por el parque, y por los bosques que se unían al parque, y disfrutaba de la soledad y del misterio, pateaba las hojas pardas del otoño y arrancaba las primulas de la primavera. Pero todo era un sueño; o más bien era como el simulacro de la realidad. Las hojas de roble eran para ella como hojas de roble vistas agitándose en un espejo, ella misma era un personaje sobre el que alguien había leído, arrancando primulas que eran solo sombras o recuerdos, o palabras. ¡Ninguna sustancia en ella ni en nada... ningún tacto, ningún contacto! Solo esta vida con Clifford, este tejer sin fin redes de hilaza, de minucias de conciencia, estas historias de las que Sir Malcolm decía que no había nada en ellas y que no durarían. ¿Por qué iba a haber algo en ellas, por qué iban a durar? Basta a cada día su propio afán. Basta a cada momento la apariencia de realidad.

Clifford tenía bastantes amigos, conocidos en realidad, y los invitó a Wragby. Invitó a toda clase de gente, críticos y escritores, personas que ayudarían a alabar sus libros. Y se sentían halagados de que los invitaran a Wragby, y alababan.

Connie lo entendía todo perfectamente. ¿Pero por qué no? Este era uno de los efímeros patrones en el espejo. ¿Qué tenía de malo?

Ella hacía de anfitriona para toda esa gente... en su mayoría hombres. Hacía de anfitriona también para los ocasionales parientes aristocráticos de Clifford. Al ser una muchacha de aspecto saludable, rubicunda y rural, propensa a las pecas, de grandes ojos azules y cabello castaño y rizado, con una voz suave y unas caderas femeninas más bien fuertes, se la consideraba un tanto anticuada y «femenina». No era un «pescadito del montón», como un muchacho, con pecho plano de muchacho y nalgas pequeñas. Era demasiado femenina para ser del todo elegante.

Así que los hombres, especialmente los que ya no eran jóvenes, fueron en verdad muy amables con ella. Pero, sabiendo el tormento que el pobre

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