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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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IX

princesa! Lo que importa es el di-ne-ro, ¡y como ella tiene un montón, le dan más! Nadie me da nada a mí, y tengo tanto derecho como cualquier otro. No me hables de educación. Lo que importa es el di-ne-ro. Quiero un abrigo nuevo de primavera, eso es lo que quiero, y no lo voy a conseguir, porque no hay di-ne-ro—».

Eso es lo único que les importa, la ropa. Les da igual gastarse siete y ocho guineas en un abrigo de invierno —hijas de mineros, fíjate— y dos guineas en el sombrero de verano de un niño. Y luego van a la Capilla Primitiva con su sombrero de dos guineas, muchachas que se habrían sentido orgullosas de uno de tres chelines y seis peniques en mis tiempos. Oí decir que en el aniversario de los Metodistas Primitivos de este año, cuando montan una tarima para los niños de la Escuela Dominical, como una tribuna que casi llega hasta el techo, oí decir a la señorita Thompson, que lleva la primera clase de niñas en la Escuela Dominical, ¡que habría más de mil libras en ropa nueva de domingo sentadas en esa tarima! ¡Y eso que los tiempos están como están! Pero no hay quien las pare. Están locas por la ropa. Y los muchachos igual. Los chiquillos se gastan cada penique en ellos mismos: ropa, tabaco, beber en el Hogar del Minero, irse de excursión a Sheffield dos o tres veces por semana. Si es otro mundo. Y no le temen a nada, y no respetan nada, los jóvenes de ahora. Los hombres mayores son tan pacientes y buenos, la verdad, que dejan que las mujeres se lo queden todo. Y a esto es a lo que lleva. Las mujeres son unos auténticos demonios. Pero los muchachos no son como sus padres. No están sacrificando nada, no señor: solo miran por ellos mismos. Si les dices que deberían ahorrar un poco para formar un hogar, te contestan: Eso ya esperará, eso sí, ¡me voy a divertir mientras pueda! ¡Cualquier otra cosa puede esperar! Ah, sí que son brutos y egoístas, vaya que sí. Todo recae sobre el hombre mayor, y pinta muy mal la cosa para todos lados.

Clifford empezó a formarse una nueva idea de su propio pueblo. El lugar siempre lo había aterrorizado, pero lo había creído más o menos estable. ¿Ahora⁠—?

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