Clifford, of course, had still many childish taboos and fetishes. He wanted to be thought “really good,” which was all cock-a-hoopy nonsense. What was really good was what actually caught on. It was no good being really good and getting left with it. It seemed as if most of the “really good” men just missed the bus. After all you only lived one life, and if you missed the bus, you were just left on the pavement, along with the rest of the failures.
Connie estaba contemplando la posibilidad de pasar un invierno en Londres con Clifford, el próximo invierno. Él y ella habían cogido bien el autobús, así que bien podían viajar arriba un rato y dejarse ver.
Lo peor del caso era que Clifford tendía a volverse vago, ausente y a caer en ataques de vacía depresión. Era la herida en su psique que salía a flote. Pero eso hacía que Connie quisiera gritar. ¡Dios mío, si el mecanismo de la conciencia misma iba a fallar, entonces, ¿qué se supone que debía uno hacer?! ¡Maldita sea, uno ponía de su parte! ¿Iba a quedar uno completamente abandonado a su suerte?
A veces lloraba amargamente, pero aun mientras lloraba se decía a sí misma:
¡Tonta imbécil, mojando pañuelos! ¡Como si con eso fueras a conseguir algo!
Desde Michaelis, se había prometido a sí misma que no quería nada. Aquella parecía la solución más simple para lo que de otro modo sería insoluble. No quería más de lo que ya tenía; solo quería seguir adelante con lo que tenía: Clifford, los cuentos, Wragby, el asunto de Lady Chatterley, dinero y fama, tal como era… quería seguir adelante con todo aquello. ¡El amor, el sexo, toda esa clase de cosas, meros sorbetes de agua! Lamérselo y olvidarlo. Si no te aferras a ello en la mente, no es nada. El