Codal
nydus/Madame BovaryPublic
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XI

Con muchas precauciones, para no alterar la posición del miembro, se retiró la caja y apareció a la vista un espectáculo espantoso.

Los contornos del pie habían desaparecido bajo una hinchazón tal que toda la piel parecía a punto de reventar, y estaba cubierta de equimosis, causadas por la famosa máquina. Hipólito ya se había quejado de sufrir por su causa. No se le había prestado atención; tuvieron que reconocer que no andaba del todo equivocado, y lo liberaron durante unas horas.

Pero, apenas había bajado un poco el edema, cuando los dos sabios creyeron conveniente volver a colocar el miembro en el aparato, apretándolo con más fuerza para apresurar las cosas. Por fin, tres días después, al no poder soportarlo más Hipólito, retiraron una vez más la máquina y se quedaron muy sorprendidos con el resultado que vieron.

La tumefacción lívida se extendía por la pierna, con ampollas aquí y allá, de las que brotaba un líquido negro. Las cosas tomaban un giro grave. Hipólito empezó a preocuparse, y la madre Lefrançois hizo que lo instalaran en la salita junto a la cocina, para que al menos tuviera alguna distracción.

Pero el recaudador de contribuciones, que comía allí todos los días, se quejaba amargamente de semejante compañía.

Entonces trasladaron a Hipólito al billar. Yacía allí gimiendo bajo sus pesadas cubiertas, pálido, con la barba crecida, los ojos hundidos, y volviendo de vez en cuando su cabeza sudorosa sobre la almohada sucia, donde se posaban las moscas.

Madame Bovary fue a verlo. Le llevaba ropa de lienzo para sus cataplasmas; lo consolaba y lo animaba. Además, no le faltaba compañía, sobre todo los días de mercado, cuando los campesinos correteaban alrededor de las bolas de billar, hacían esgrima con los tacos, fumaban, bebían, cantaban y armaban alboroto.

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