túnica de raso, cofiada con un velo de tul salpicado de estrellas de plata y con las mejillas rojas, como un ídolo de las islas Sandwich; y, finalmente, una copia de la Sagrada Familia, Regalo del Ministro del Interior , que domina el altar mayor, entre cuatro candelabros, cierra la perspectiva. La sillería del coro, de madera de abeto, se ha dejado sin pintar.
El mercado, es decir, un tejado de uralita sostenido por unos veinte postes, ocupa por sí mismo aproximadamente la mitad de la plaza pública de Yonville.
La casa consistorial, construida «según los planos de un arquitecto de París», es una especie de templo griego que hace esquina junto a la botica. En la planta baja hay tres columnas jónicas y en el primer piso una galería semicircular, mientras que la cúpula que la corona está ocupada por un gallo galo, que apoya un pie sobre la Carta y sostiene en el otro la balanza de la Justicia.
Pero lo que más atrae la mirada es, enfrente de la posada del León d'Or, la botica del señor Homais. Por la noche, sobre todo, su lámpara argand está encendida y los frascos rojos y verdes que adornan su escaparate proyectan a lo lejos sobre la calle sus dos haces de colores; luego, sobre ellos, como entre luces de Bengala, se ve la sombra del boticario inclinada sobre su escritorio. Su casa, de arriba abajo, está cubierta de carteles escritos con letra grande, letra redonda, letra de imprenta: > «Aguas de Vichy, de Seltzer, de Barège, depurativos de la sangre, medicina patentada de Raspail, racahut árabe, pastillas de Darcet, pasta de Regnault, bragueros, baños, chocolate higiénico»,