Es allí donde se hacen los peores quesos Neufchâtel de todo el distrito; y, por otra parte, la agricultura es costosa porque se necesita mucho abono para enriquecer este suelo quebradizo lleno de arena y pedernales.
Hasta 1835 no había ningún camino practicable para llegar a Yonville, pero por entonces se construyó una ruta transversal que une la de Abbeville con la de Amiens, y de la que a veces se sirven los carreteros de Rouen con destino a Flandes.
Yonville-l’Abbaye se ha quedado estancada a pesar de su «nueva salida». En lugar de mejorar el suelo, se empeñan en conservar los pastizales, por muy devaluados que estén, y el burgo perezoso, alejándose de la llanura, se ha extendido naturalmente hacia el río. Se le ve desde lejos estirado a lo largo de la orilla como un boyero que echa la siesta junto al agua.
Al pie de la colina, pasado el puente, comienza un camino, flanqueado de álamos jóvenes, que lleva en línea recta hasta las primeras casas del lugar. Estas, cercadas por setos, se encuentran en medio de corrales llenos de edificaciones desordenadas, lagares, cobertizos para carros y destilerías dispersos bajo árboles frondosos, con escaleras, pértigas o guadañas colgadas de las ramas. Los tejados de paja, como gorros de piel bajados sobre los ojos, descienden hasta cubrir aproximadamente un tercio de las ventanas bajas, cuyos gruesos cristales convexos tienen nudos en el centro parecidos a fondos de botella. Contra la pared de yeso cruzada diagonalmente por vigas negras, a veces se apoya un peral escuálido, y las plantas bajas tienen en la puerta una pequeña cancela para impedir el paso a los polluelos que vienen a picotear migas de pan remojadas en sidra en el umbral.