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nydus/Madame BovaryPublic
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XIV

cristales gruesos amarilleados por las moscas, las servilletas húmedas manchadas de vino peleón, y que huele siempre a pueblo, como los mozos de labranza con ropa de domingo, que tiene un café que da a la calle y, hacia el campo, un huerto. Carlos partió al instante. Confundió los palcos de la galería con la cazuela, el patio con los palcos; pidió explicaciones, no las entendió; lo mandaron de la taquilla al director de escena; volvió a la posada, regresó al teatro y recorrió así varias veces toda la longitud de la ciudad, desde el teatro hasta el bulevar.

Madame Bovary compró un sombrero, unos guantes y un ramo de flores. El médico tenía mucho miedo de perderse el principio y, sin haber tenido tiempo de tomarse un plato de sopa, se presentaron a las puertas del teatro, que aún estaban cerradas.

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