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nydus/Short FictionPublic
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II

El niño creció hasta convertirse en la alegría de sus padres. Era fuerte, trabajador, inteligente y obediente. Cuando tenía diez años, sus padres lo mandaron a la escuela para que aprendiera a leer y escribir. Lo que los demás aprendían en cinco años, él lo aprendía en uno, y pronto no hubo nada más que pudieran enseñarle.

Llegó la Pascua, y el muchacho fue a ver a su madrina para saludarla por Pascuas.

—Padre y madre —dijo cuando volvió a casa—, ¿dónde vive mi padrino? También a él me gustaría llevarle mi felicitación de Pascua.

Y su padre respondió:

“No sabemos nada de tu padrino, querido hijo. A menudo nosotros mismos lo lamentamos. Desde el día en que fuimos tus padrinos de bautismo* nunca lo hemos vuelto a ver, ni hemos tenido ninguna noticia de él. No sabemos dónde vive, ni siquiera si aún sigue vivo.”

El hijo se inclinó ante sus padres.

—Padre y madre —dijo él—, déjenme ir a buscar a mi padrino. Debo encontrarlo y llevarle mi saludo de Pascua.

De modo que su padre y su madre lo dejaron ir, y el muchacho se puso en camino para encontrar a su padrino.

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