—pregunté.
“El alférez Alanin, un subalterno de mi compañía... Vino del Cuerpo de Cadetes hace apenas un mes”.
—Supongo que entrará en acción por primera vez —dije.
—Por eso está tan encantado —contestó el capitán, meneando la cabeza pensativo—. La juventud.
“Pero ¿cómo no iba a estar complacido? Me imagino lo interesante que debe de ser para un joven oficial”.
El capitán guardó silencio durante uno o dos minutos.
—Por eso mismo digo «Juventud» —añadió con voz ronca—. ¿De qué hay que alegrarse sin haber visto jamás la cosa? Cuando uno la ha visto muchas veces, ya no se alegra tanto. Hay ahora, digamos, veinte oficiales de nosotros aquí: uno u otro morirá o saldrá herido sin falta, eso es muy seguro; hoy puedo ser yo, mañana él, pasado mañana un tercero. Así pues, ¿de qué hay que alegrarse?