CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 39 de 514
Table of Contents

V

—Buenas noches, señora condesa —dijo, ofreciendo la mano a través de la ventanilla del carruaje.

Una manita enfundada en un guante de cabritilla apretó la suya, y un rostro bonito y sonriente con una capota amarilla apareció en la ventanilla del carruaje.

De la conversación, que duró varios minutos, solo le oí decir al general riendo, al pasar yo:

«Vous savez que j’ai fait vœu de combattre les infidèles: prenez donc garde de le devenir.»

Una risa respondió desde el interior del carruaje.

« Adieu donc, cher Général! »

« Non, à revoir », dijo el general, subiendo los peldaños del porche. « N’oubliez pas, que je m’invite pour la soirée de demain. »

El carruaje se alejó haciendo repiquetear los ejes.

«He aquí de nuevo», pensé mientras caminaba hacia casa, «a un hombre que posee todo cuanto anhelan los rusos: rango, riquezas, distinción; ¡y este hombre, la víspera de un combate cuyo desenlace solo Dios conoce, bromea con una mujer bonita y promete tomar el té con ella al día siguiente, tal como si se hubieran encontrado en un baile!».

En casa de ese mismo ayudante conocí a un joven que me sorprendió aún más. Era un joven teniente del regimiento de K⁠⸺, conocido por su mansedumbre y timidez casi femeninas, que había acudido al ayudante a desahogar su disgusto y su resentimiento contra aquellos que, según

39