sufrió, meramente para parecer ante sus propios ojos lo que deseaba ser! Pues sus camaradas y los soldados jamás pudieron verlo como él deseaba aparecer.
Una vez, en una de sus expediciones nocturnas por el camino con sus más íntimos amigos, le sucedió que hirió a un checheno hostil con una bala en la pierna, y lo hizo prisionero.
Después de eso, el checheno vivió durante siete semanas con el teniente, quien lo atendió y lo cuidó como habría cuidado a su amigo más querido; y cuando el checheno se recuperó, le dio regalos y lo puso en libertad.
Después de aquello, durante una de nuestras expediciones, cuando el teniente se retiraba con los soldados del cordón y disparaba para contener al enemigo, oyó que alguien entre los contrarios lo llamaba por su nombre, y el hombre a quien había herido se adelantó al trote y le hizo señas al teniente para que hiciera lo mismo.