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nydus/Short FictionPublic
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El general se adelantó con la caballería. El batallón con el que yo había venido desde el fuerte N⁠⸺ se quedó en la retaguardia. Los batallones del capitán Jlópov y del teniente Rosenkranz se retiraron juntos.

La profecía del Capitán era de todo punto acertada. Apenas hubimos entrado en el espeso matorral del que nos había hablado, cuando a ambos lados pudimos divisar destellos de montañeses, a caballo y a pie, y tan cerca se hallaban que distinguía con claridad cómo algunos corrían agachados, rifle en mano, de un árbol a otro.

El Capitán se quitó la gorra y se santiguó piadosamente; algunos de los soldados más veteranos hicieron lo mismo. Desde el bosque se oían gritos de guerra y las palabras: «Iay giaour», «Urus! iay!».

Secos y cortos disparos de fusil, que se sucedían rápidamente, silbaron a ambos lados de nuestras posiciones. Los nuestros respondieron en silencio con un fuego continuo, y solo de vez en cuando se oían en las filas comentarios como los siguientes:

«Mirad de dónde dispara. Desde dentro del bosque le resulta fácil. Deberíamos usar los cañones», y así sucesivamente.

Nuestra artillería fue sacada y, tras disparar algo de metralla, el enemigo pareció debilitarse; pero un momento después, y a cada paso que daban nuestras tropas, el fuego del enemigo volvió a recrudecerse y los gritos a hacerse más fuertes.

Apenas habíamos andado setecientas yardas del pueblo cuando las balas de cañón enemigas empezaron a silbar sobre nuestras cabezas. Vi a un soldado muerto por una bala.⁠ ⁠…

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