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CAPÍTULO X. DEL PODER, EL VALOR, LA DIGNIDAD, EL HONOR Y LA VALÍA

Mostrar cualquier señal de amor o temor hacia otro es Honrar; pues tanto amar como temer es valorar. Menpreciar, o amar o temer menos de lo que él espera, es Deshonrar; pues es desvalorizar.

Alabar, magnificar o llamar dichoso es honrar; porque nada se valora sino la bondad, el poder y la felicidad. Injuriar, burlarse o compadecer es deshonrar.

Hablar a otro con consideración, comparecer ante él con decencia y humildad, es Honrarle; como señales de temor a ofender. Hablarle con precipitación, hacer algo delante de él de manera obscena, desaliñada o impúdica, es Deshonrar.

Creer, fiarse, confiar en otro, es honrarle; señal de la opinión que se tiene de su virtud y de su poder. Desconfiar, o no creer, es deshonrar.

Escuchar el consejo de un hombre, o su discurso de cualquier clase, es honrarlo, como señal de que lo creemos sabio, elocuente o ingenioso. Dormir, retirarse o hablar entretanto es deshonrarlo.

Hacer a otro aquellas cosas que él toma como signos de honor, o que la Ley o la Costumbre hacen que así sean, es Honrar; porque al aprobar el honor hecho por otros, se reconoce el poder que otros reconocen. Negarse a hacerlas es Deshonrar.

Estar de acuerdo en una opinión es Honrar; por ser una señal de aprobación de su juicio y sabiduría. Dissentir es Deshonrar, y un reproche de error y (si el disentimiento es en muchas cosas) de insensatez.

Imitar es Honrar, pues es aprobar vehementemente. Imitar al Enemigo es Deshonrar.

Honrar a aquellos a quienes otro honra, es honrarle a él; como señal de aprobación de su juicio. Honrar a sus enemigos, es deshonrarle.

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