De lo mismo procede que los hombres den diferentes nombres a una y la misma cosa, según la diferencia de sus propias pasiones:
Así, los que aprueban una opinión particular la llaman Opinión; pero los que la desaprueban, Herejía; y sin embargo, herejía no significa más que opinión particular, pero lleva tan solo una mayor tintura de cólera.
De esto mismo también procede que los hombres no puedan distinguir, sin estudio y gran entendimiento, entre la acción de muchos hombres y las muchas acciones de una multitud; como por ejemplo, entre la acción única de todos los senadores de Roma al matar a Catilina, y las muchas acciones de un número de senadores al matar a César; y por tanto se inclinan a tomar por acción del pueblo lo que es una multitud de acciones realizadas por una multitud de hombres, guiados tal vez por la persuasión de uno solo.
Adhesión a la costumbre, por ignorancia de la naturaleza del bien y del mal
La ignorancia de las causas y de la constitución original del Derecho, la Equidad, la Ley y la Justicia, predispone al hombre a hacer de la Costumbre y el Ejemplo la regla de sus acciones; de tal manera que cree injusto aquello que ha sido costumbre castigar, y justo aquello de cuya impunidad y aprobación pueden aportar un Ejemplo, o (como los abogados, que solo usan la falsa medida de la justicia, lo llaman bárbaramente) un Precedente; como los niños pequeños, que no tienen otra regla del bien y del mal en sus costumbres que el castigo que reciben de sus Padres y Maestros; salvo que los niños son constantes en su regla,