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CAPÍTULO VIII. DE LAS VIRTUDES COMÚNMENTE LLAMADAS INTELECTUALES Y DE SUS DEFECTOS CONTRARIOS

Y en cuanto a que nuestro Salvador hable a la enfermedad como a una persona, es la frase habitual de todos los que curan solo con palabras, como hizo Cristo (y pretenden hacer los encantadores, hablen o no a un diablo).

Pues ¿no se dice también de Cristo (Mat. 8.26) que reprendió a los vientos? ¿No se dice asimismo (Luc. 4.39) que reprendió a una fiebre? Sin embargo, esto no arguye que una fiebre sea un diablo.

Y en cuanto a que se dice que muchos de estos Diablos confiesan a Cristo, no es necesario interpretar tales pasajes de otro modo que como que fueron aquellos locos quienes lo confesaron. Y en cuanto a que nuestro Salvador (Mat. 12. 43.) habla de un Espíritu inmundo que, habiendo salido de un hombre, vaga por lugares áridos en busca de reposo sin hallarlo, y regresa al mismo hombre con otros siete espíritus peores que él; se trata manifiestamente de una parábola, que alude a un hombre que, tras un pequeño esfuerzo por abandonar sus pasiones, resulta vencido por la fuerza de estas y se vuelve siete veces peor de lo que era.

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