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CAPÍTULO XVIII. DE LOS DERECHOS DE LOS SOBERANOS POR INSTITUCIÓN

Y ya sea que forme parte de la Congregación o no; y ya se pida su consentimiento o no, debe o bien someterse a sus decretos, o bien ser dejado en la condición de guerra en la que se encontraba antes; en la cual podía ser destruido sin injusticia por cualquier hombre que fuere.

4. Las Acciones Del Soberano No Pueden Ser Justamente Acusadas Por El Súbdito

En cuarto lugar, puesto que cada Súbdito es por esta Institución Autor de todas las Acciones y Juicios del Soberano Instituido; se sigue que, haga lo que hiciere, no puede constituir injuria para ninguno de sus Súbditos; ni debe ser acusado por ninguno de ellos de Injusticia.

Porque quien hace algo por autoridad de otro, no le hace con ello injuria a aquel por cuya autoridad actúa; mas por esta Institución de una República, cada hombre en particular es Autor de todo lo que el Soberano hace; y en consecuencia, quien se queja de injuria por parte de su Soberano, se queja de aquello de lo cual él mismo es Autor; y por tanto no debe acusar a ningún hombre sino a sí mismo; ni siquiera a sí mismo de injuria; porque hacer injuria a uno mismo es imposible.

Es verdad que quienes tienen el poder Soberano pueden cometer Iniquidad; pero no Injusticia, ni Injuria en la significación propiamente dicha.

5. Todo lo que el Soberano hace, es impune por parte del Súbdito

Quinto, y en consecuencia de lo dicho en último lugar, ningún hombre que tenga poder soberano puede ser justamente condenado a muerte, ni castigado de ningún otro modo por sus súbditos. Pues dado que todo súbdito es autor de las acciones de su soberano, se castiga a otro por los actos cometidos por él mismo.

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