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UNA RESEÑA Y CONCLUSIÓN

hablaba.” Pero no se declara en qué consistía la preeminencia de la manera en que Dios le habló a Moisés por encima de la de su hablar a otros profetas, como a Samuel y a Abraham, a quienes también habló mediante una voz (esto es, mediante visión), a no ser que la diferencia consista en la claridad de la visión. Pues cara a cara, y boca a boca, no pueden entenderse literalmente de la infinitud e incomprensibilidad de la naturaleza

Y en cuanto a toda la Doctrina, no veo aún sino que los principios de ella son verdaderos y apropiados; y la Raciocinación, sólida.

Pues baso el Derecho Civil de los Soberanos, y tanto el Deber como la Libertad de los Súbditos, en las conocidas inclinaciones naturales de la Humanidad, y en los Artículos de la Ley de Naturaleza; de los cuales ningún hombre, que pretenda tener tan solo la razón suficiente para gobernar su propia familia, debería ignorar.

Y en cuanto al Poder Eclesiástico de dichos Soberanos, lo baso en textos que son tanto evidentes en sí mismos como consonantes con el propósito de toda la Escritura. Y por tanto estoy persuadido de que aquel que lo lea con el único propósito de informarse, quedará informado por ella.

Pero en cuanto a aquellos que mediante la Escritura, o el Discurso Público, o mediante sus acciones eminentes, ya se han comprometido a mantener opiniones contrarias, no serán tan fácilmente satisfechos. Pues en tales casos, es natural para los hombres, al mismo tiempo, tanto continuar leyendo como perder su atención en la búsqueda de objeciones a aquello que habían leído antes: de las cuales, en un tiempo en que los intereses de los hombres han cambiado (puesto que gran parte de esa Doctrina, que sirve para el establecimiento de un nuevo Gobierno, ha de ser necesariamente contraria a la que condujo a la disolución del viejo), no puede dejar de haber muchísimas.

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