para remisión de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo». Por tanto, el Arrepentimiento y el Bautismo, es decir, creer que Jesús es el Cristo, es todo lo necesario para la Salvación. Asimismo, habiendo sido preguntado nuestro Salvador por cierto hombre principal (Luc. 18.18): «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?», respondió (versículo 20): «Los mandamientos sabes: No adulterarás. No matarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre»; lo cual, habiendo dicho él que lo había observado, nuestro Salvador añadió: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y ven y sígueme»; lo cual equivalía a decir: Confía en mí que soy el Rey. Por tanto, cumplir la Ley y creer que Jesús es el Rey, es todo lo requerido para conducir a un hombre a la vida eterna. En tercer lugar, San Pablo dice (Rom. 1.17): «Mas el justo vivirá por la fe»; no cualquiera, sino el justo; por tanto, la Fe y la Justicia (es decir, la Voluntad de ser Justo, o el Arrepentimiento) son todo lo necesario para la vida eterna. Y (Mar. 1.15) nuestro Salvador predicó, diciendo: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio», es decir, la buena nueva de que el Cristo había venido. Por tanto, Arrepentirse y Creer que Jesús es el Cristo, es todo lo requerido para la Salvación.
# Lo que cada uno de ellos contribuye para tal fin
Viendo pues que es necesario que tanto la Fe como la Obediencia (implícita en la palabra Arrepentimiento) concurran para nuestra Salvación, la cuestión de por cuál de las dos somos Justificados es impertinentemente disputada. Sin embargo, no será impertinente manifestar de qué manera contribuye cada una de ellas a la misma; y en qué sentido se dice que hemos de ser Justificados por la una y por la otra.