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CAPÍTULO XIII. DE LA CONDICIÓN NATURAL DEL GÉNERO HUMANO, EN LO QUE CONCIERNE A SU FELICIDAD Y MISERIA

pecado; como tampoco lo son las acciones que proceden de esas pasiones, hasta que conocen una ley que las prohíbe, lo cual, hasta que las leyes sean hechas, no pueden conocer; ni puede hacerse ninguna ley hasta que se hayan puesto de acuerdo sobre la persona que ha de hacerla.

Podrá acaso pensarse que nunca hubo tal tiempo ni condición de guerra como esta; y creo que jamás fue generalmente así, en todo el mundo: pero hay muchos lugares donde viven así ahora.

Pues los pueblos salvajes en muchos lugares de América, salvo el gobierno de pequeñas Familias, cuya concordia depende de la concupiscencia natural, no tienen gobierno en absoluto; y viven hoy en día de esa manera brutal, como dije antes.

Sea como fuere, puede percibirse qué género de vida habría donde no hubiera un Poder común al que temer, por el género de vida en el que los hombres que han vivido anteriormente bajo un gobierno pacífico suelen degenerar en una guerra civil.

Pero aunque nunca haya habido un tiempo en el cual los hombres particulares se hallaran en condición de guerra unos contra otros, en todo tiempo los Reyes y las personas de autoridad soberana, a causa de su independencia, se encuentran en continuas envidias y en la situación y postura de los gladiadores, con las armas apuntando y los ojos fijos el uno en guisa del otro, es decir, sus fortificaciones, guarniciones y cañones en las fronteras de sus reinos, y continuos espías sobre sus vecinos, lo cual es una postura de guerra. Pero como con ello sostienen la industria de sus súbditos, no se sigue de ello esa miseria que acompaña a la libertad de los hombres particulares.

*En una guerra así, nada es injusto*

A esta guerra de todos contra todos es también consecuente que nada puede ser Injusto. Las nociones de Derecho y de Entuerto, de Justicia e

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