estaba obligado a contribuir en absoluto, a menos que así lo hubiera querido. Y así como en el tiempo de los Apóstoles, también en todo el tiempo posterior, hasta después de Constantino el Grande, veremos que el sustento de los Obispos y Pastores de la Iglesia cristiana no era sino la contribución voluntaria de quienes habían abrazado su Doctrina. Todavía no se hablaba de los Diezmos; mas tal era en el tiempo de Constantino y de sus Hijos el afecto de los cristianos hacia sus Pastores, como dice Amiano Marcelino (describiendo la sedición de Dámaso y Ursicino por el obispado), que valía la pena contender por él, ya que los Obispos de aquellos tiempos, por la generosidad de su grey, y especialmente de las matronas, vivían espléndidamente,
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CAPÍTULO XLII. DEL PODER ECLESIÁSTICO
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