fuerza o por el fraude, dominar a las personas de todos los hombres que pueda, hasta tanto que no vea otro poder lo suficientemente grande como para ponerle en peligro: y esto no es más de lo que su propia conservación requiere, y está generalmente permitido. Asimismo, puesto que hay algunos que, hallando placer en contemplar su propio poder en los actos de conquista, lospursiguen más allá de lo que su seguridad requiere; si otros, que de otro modo se alegrarían de estar tranquilos dentro de límites modestos, no incrementasen su poder mediante la invasión, no serían capaces de subsistir, durante mucho tiempo, manteniéndose únicamente a la defensiva. Y, por consiguiente, siendo tal aumento del dominio sobre los hombres necesario para la conservación de un hombre, le debe ser permitido.
Además, los hombres no experimentan placer alguno (sino, por el contrario, un gran pesar) al mantenerse en compañía, cuando no hay un poder capaz de atemorizarlos a todos.
Pues todo hombre espera que su compañero lo valore al mismo precio que él se otorga a sí mismo; y ante cualquier señal de desprecio o de menosprecio, procura naturalmente, hasta donde se atreve (lo cual, entre aquellos que no tienen un poder común que los mantenga en tranquilidad, es bastante lejos como para destruirse mutuamente), extorsionar una mayor valoración de sus desdeñadores, mediante el daño; y de los demás, mediante el ejemplo.
De suerte que en la naturaleza del hombre hallamos tres causas principales de discordia.
- Primera, la competencia;
- Segunda, la desconfianza;
- Tercera, la gloria.