guiar por algún Príncipe extranjero; o por alguno de sus consiervos, que pueda embaucarlos, mediante la difamación del gobierno, para llevarlos a la rebelión, sin más milagro para confirmar su llamamiento que a veces un éxito extraordinario y la Impunidad; y destruyendo por este medio todas las leyes, tanto divinas como humanas, reducir todo Orden, Gobierno y Sociedad al Caos primero de la Violencia y la
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CAPÍTULO XXXVI. DE LA PALABRA DE DIOS, Y DE LOS PROFETAS
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