# La octava, Contra la contumelia
Y porque todas las señales de odio, o desprecio, provoca[n] a combatir; hasta el punto de que la mayoría de los hombres prefieren arriesgar su vida antes que no vengarse; podemos en octavo lugar, como una Ley de Naturaleza, establecer este Precepto:
«Que ningún hombre mediante obra, palabra, semblante o gesto, declare Odio o Desprecio hacia otro».
La violación de esta ley se llama comúnmente Contumelia.
# El noveno, contra la soberbia
La cuestión de quién es el hombre mejor no tiene lugar en la condición de pura Naturaleza, donde (como se ha demostrado antes) todos los hombres son iguales. La desigualdad que existe ahora ha sido introducida por las leyes civiles. Sé que Aristóteles, en el primer libro de su Política, como fundamento de su doctrina, hace a los hombres por naturaleza, unos más dignos de mandar —refiriéndose a los más sabios (tales como él se creía por su filosofía)—; y a otros de servir (refiriéndose a aquellos que tenían cuerpos fuertes, pero no eran filósofos como él); como si el amo y el sirviente no hubiesen sido introducidos por el consentimiento de los hombres, sino por la diferencia de ingenio; lo cual no sólo va contra la razón, sino también contra la experiencia. Pues hay muy pocos tan necios que no prefirieran gobernarse a sí mismos antes que ser gobernados por otros; ni cuando los sabios en su propia opinión compiten por la fuerza con aquellos que desconfían de su propia sabiduría, obtienen siempre, o a menudo, o casi en ningún momento, la victoria. Si