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CAPÍTULO XXXIV. DE LA SIGNIFICACIÓN DE ESPÍRITU, ÁNGEL E INSPIRACIÓN EN LOS LIBROS DE LA SAGRADA ESCRITURA

de una vez, digo que no hay texto en aquella parte del Antiguo Testamento que la Iglesia de Inglaterra considera como canónico del cual podamos concluir que existe, o ha sido creada, ninguna cosa permanente (comprendida bajo el nombre de Espíritu o Ángel) que no tenga cantidad; y que no pueda ser, mediante el entendimiento, dividida; es decir, considerada por partes; de modo que una parte pueda estar en un lugar y la parte siguiente en el lugar contiguo a ella; y que, en suma, no sea (tomando Cuerpo por aquello que es algo o está en alguna parte) Corpóreo; sino que en todo lugar el sentido admite la interpretación de Ángel como Mensajero; así como Juan Bautista es llamado Ángel, y Cristo el Ángel del Pacto; y como (según la misma Analogía) la Paloma y las Lenguas de Fuego, por ser signos de la presencia especial de Dios, también podrían ser llamadas Ángeles. Aunque encontremos en Daniel dos nombres de Ángeles, Gabriel y Miguel, resulta claro a partir del propio texto (Dan. 12.1) que por Miguel se entiende a Cristo, no como Ángel, sino como Príncipe; y que Gabriel (al igual que semejantes apariciones hechas a otros hombres santos en su sueño) no era sino un fantasma sobrenatural, mediante el cual le pareció a Daniel, en su sueño, que estando dos santos en conversación, uno de ellos le decía al otro: “Gabriel, haz que este hombre comprenda su visión”: pues Dios no necesita distinguir a sus servidores celestiales mediante nombres, los cuales sólo son útiles para la corta memoria de los mortales. Tampoco en el Nuevo Testamentohay pasaje alguno del cual pueda probarse que los Ángeles (excepto cuando se emplean para designar a aquellos hombres a quienes Dios ha hecho mensajeros y ministros de su palabra u obras) sean cosas permanentes y, al mismo tiempo, incorpóreas. Que son permanentes puede deducirse de las palabras de nuestro Salvador mismo (Mat. 25.41), cuando dice que se les dirá a los malvados en el último día: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”; pasaje que es manifiesto en cuanto a la permanencia de los Ángeles Malos (a menos que pudiéramos pensar que el nombre de Diablo y sus Ángeles deba entenderse como los adversarios de las Iglesias

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