muchas veces dispone a la deserción de la Defensa Pública. Ambas cosas, dicen, no pueden coexistir en la misma persona.
Y para considerar la contrariedad de las opiniones y las costumbres de los hombres en general,
Es, según dicen, imposible mantener una constante y civil amistad con todos aquellos con quienes los negocios del mundo nos imponen conversar:
Los cuales negocios no consisten casi en ninguna otra cosa sino en una perpetua contienda por el honor, la riqueza y la autoridad.
A lo cual respondo que estas son en verdad grandes dificultades, pero no imposibilidades: pues mediante la educación y la disciplina pueden conciliarse, y a veces se concilian. El juicio y la fantasía pueden tener cabida en un mismo hombre, mas por turnos, según lo requiera el fin al que apunta. Así como los israelitas en Egipto estaban a veces atados a su labor de hacer ladrillos y otras veces andaban dispersos por los campos recogiendo paja, también el juicio puede a veces fijarse en una cierta consideración, y la fantasía vagar en otro momento por el mundo. Asimismo, la razón y la elocuencia (si bien tal vez no en las ciencias naturales, sí en las morales) pueden avenirse muy bien. Pues dondequiera que haya lugar para adornar y anteponer el error, hay mucho más lugar para adornar y anteponer la verdad, si es que la tienen para adornarla. Tampoco hay repugnancia alguna entre temer a las leyes y no temer a un enemigo público, ni entre abstenerse de cometer una injuria y perdonarla en los demás. No existe, por tanto, tal incompatibilidad entre la naturaleza humana y los deberes civiles, como algunos piensan.