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CAPÍTULO XXX. DEL OFICIO DEL SOBERANO REPRESENTANTE

Pues los Soldados nunca son tan generalmente injustos como para ponerse de parte de su Capitán, aunque lo amen, en contra de su Soberano, a menos que no solo amen su Persona, sino también su Causa. Y por ello aquellos que mediante la violencia han sofocado en algún momento el Poder de su Soberano Legítimo, antes de poder establecerse en su lugar, siempre se han visto en el apuro de inventar sus Títulos, para librar al Pueblo de la vergüenza de recibirlos. Tener un Derecho conocido al Poder soberano es una cualidad tan popular que quien la posee no necesita más, por su propia parte, para ganarse los corazones de sus Súbditos, que el que estos lo vean capaz de gobernar absolutamente su propia Familia; ni, por parte de sus enemigos, más que la disolución de sus Ejércitos. Pues la parte más grande y más activa de la Humanidad nunca hasta ahora se ha mostrado bien contenta con el presente.

En cuanto a los deberes de un soberano para con otro, los cuales se comprenden en esa ley que comúnmente se llama ley de las naciones, no necesito decir nada en este lugar; porque la ley de las naciones y la ley de la naturaleza son una misma cosa. Y todo soberano tiene el mismo derecho para procurar la seguridad de su pueblo que cualquier hombre particular puede tener para procurar la seguridad de su propio cuerpo. Y la misma ley que dicta a los hombres que no tienen un gobierno civil lo que deben hacer y lo que deben evitar respecto de los demás, dicta lo mismo a las repúblicas, es decir, a las conciencias de los príncipes soberanos y de las asambleas soberanas; no habiendo más tribunal de justicia natural que el de la conciencia únicamente, donde no reina el hombre, sino Dios; cuyas leyes (aquellas de ellas que obligan a todo el género humano), respecto de Dios, en cuanto es autor de la naturaleza, son naturales; y respecto del mismo Dios, en cuanto es Rey de Reyes, son leyes.

Pero del reino de Dios, en cuanto es Rey de Reyes y también Rey de un pueblo peculiar, hablaré en el resto de este discurso.

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