[Afrenta], estas últimas (que son aquellas que los hombres se avergüenzan de hacer a la vista de aquellos a quienes reverencian) no pueden ser hechas por el poder humano parte del Culto Divino; ni las primeras (tales como la Conducta decente, modesta y humilde) separadas jamás de él. Mas puesto que hay un número infinito de Acciones y Gestos de naturaleza indiferente; aquellos de entre ellos que la Mancomunidad ordene que sean usados Pública y Universalmente como signos de Honor, y parte del Culto de Dios, han de ser tomados y usados como tales por los Súbditos. Y lo que se dice en la Escritura, “Es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres,” tiene lugar en el reino de Dios por Pacto, y no por Naturaleza.
# Castigos Naturales
Habiendo hablado así brevemente del Reino Natural de Dios y de sus Leyes Naturales, añadiré solamente a este capítulo una corta declaración de sus Castigos Naturales. No hay acción del hombre en esta vida que no sea el principio de una cadena de consecuencias tan larga que ninguna providencia humana sea lo bastante alta como para ofrecer al hombre una perspectiva de su fin. Y en esta cadena se hallan eslabonados acontecimientos tanto placenteros como displacenteros, de tal manera que quienquiera que haga algo por su placer debe comprometerse a sufrir todos los dolores anejos a él; y estos dolores son los Castigos Naturales de aquellas acciones que son el principio de más Daño que Bien. Y de aquí resulta que la intemperancia es castigada naturalmente con enfermedades; la temeridad, con desgracias; la injusticia, con la violencia de los enemigos; el orgullo, con la ruina; la cobardía, con la opresión; el gobierno negligente de los príncipes, con la rebelión; y la rebelión, con la matanza. Pues, puesto que los castigos son consecuencia de la violación de las leyes, los castigos naturales deben ser naturalmente consecuencia de la violación de las leyes de la naturaleza; y, por tanto, los siguen como sus efectos naturales, no arbitrarios.