puede probablemente proceder, difícilmente pueden pensar que es natural; y si no es natural, han de pensar necesariamente que es sobrenatural; y entonces, ¿qué puede ser sino que Dios, o el Diablo está en él?
Y de ahí sucedió que, cuando nuestro Salvador (Marcos 3.21) se vio rodeado por la multitud, los de su casa dudaron que estuviera cuerdo, y salieron a retenerlo; pero los escribas decían que tenía a Beelzebú, y que era por medio de este que expulsaba a los demonios; como si el mayor de los endemoniados hubiera intimidado al menor.
Y que (Juan 10.20) algunos dijeran:
“Tiene demonio, y está loco”;
mientras que otros, teniéndole por Profeta, decían:
“Estas no son palabras de endemoniado”.
Así, en el Antiguo Testamento, aquel que vino a ungir a Jehú (2 Reyes 9.11) era un profeta; mas algunos de la compañía preguntaron a Jehú:
“¿A qué vino ese loco?”.
De modo que en suma, es manifiesto que cualquiera que se comportaba de manera extraordinaria, era considerado por los judíos como poseído ya sea por un espíritu bueno o malo; excepto por los saduceos, que erraron tanto en el otro extremo como para no creer que