Mala fortuna y pérdidas, Deshonroso. Las riquezas son Honrosas, pues son Poder. La pobreza, Deshonroso. La magnanimidad, la liberalidad, la esperanza, el valor, la confianza son Honrosos; porque provienen de la conciencia del Poder. La pusilanimidad, la parsimonia, el miedo, la desconfianza son Deshonrosos.
La resolución oportuna, o la determinación de lo que un hombre debe hacer, es Honorable; por ser el desprecio de las pequeñas dificultades y peligros. Y la irresolución, Deshonrosa; como signo de dar demasiado valor a los pequeños impedimentos y a las pequeñas ventajas: pues cuando un hombre ha sopesado las cosas tanto como el tiempo lo permite y no resuelve, la diferencia de peso es muy pequeña; y por tanto, si no resuelve, sobrevalora las pequeñas cosas, lo cual es pusilanimidad.
Todas las Acciones y Discursos que proceden, o parecen proceder, de mucha Experiencia, Ciencia, Discreción o Ingenio son Honrosos; pues todos estos son Poderes. Las acciones o palabras que proceden del Error, la Ignorancia o la Necedad, Deshonrosas.
La gravedad, en cuanto parece dimanar de una mente ocupada en otra cosa, es Honorable; porque la ocupación es signo de Poder.
Pero si parece dimanar del propósito de aparentar gravedad, es Deshonorable. Pues la gravedad de la primera es como la firmeza de un barco cargado de mercancías; mas la de la última, como la firmeza de un barco lastrado con arena y otra broza.
Ser conspicuo, es decir, ser conocido por la Riqueza, el Cargo, las grandes Acciones o cualquier Bien eminente, es Honroso; como signo del poder por el cual uno es conspicuo. Por el contrario, la Obscuridad es Deshonrosa.