Para aquellos que distinguen entre lo que es y lo que no es necesario para la salvación, esto no es nada
Pero esta dificultad de obedecer a la vez a Dios y al Soberano Civil en la tierra, para aquellos que saben distinguir entre lo que es Necesario y lo que no es Necesario para su recepción en el Reino de Dios, no tiene ninguna importancia.
Pues si el mandato del Soberano Civil es tal que puede ser obedecido sin la pérdida de la vida eterna, no obedecerlo es injusto, y tiene lugar el precepto del Apóstol:
“Siervos, obedeced a vuestros amos en todo”; y “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo”; y el precepto de nuestro Salvador: “Los escribas y los fariseos se sientan en la cátedra de Moisés; haced, pues, y guardad todo lo que os dijeren”.
Pero si el mandato es tal que no puede ser obedecido sin ser condenado a la Muerte Eterna, entonces sería locura obedecerlo, y tiene lugar el consejo de nuestro Salvador (Mat. 10. 28):
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar”.
Por tanto, todos los hombres que quieran evitar tanto los castigos que han de ser infligidos en este mundo por la desobediencia a su Soberano terrenal, como los que serán infligidos en el mundo venidero por la desobediencia a Dios, tienen necesidad de que se les enseñe a distinguir bien entre lo que es y lo que no es Necesario para la Salvación Eterna.