bien se extinguen en los tormentos extremos del Infierno, no es vana semejante Fama; porque los hombres experimentan en ella un deleite presente, a partir de la previsión de la misma y del beneficio que de ello pueda redundar para su posteridad: lo cual, aunque ahora no lo vean, sin embargo lo imaginan; y cualquier cosa que es placer en el sentido, la misma es también placer en la imaginación.
# Odio, por la dificultad de retribuir los grandes beneficios
Haber recibido de alguien, a quien nos consideramos iguales, mayores beneficios de los que hay esperanza de retribuir, predispone a un amor fingido, pero en realidad a un odio secreto; y coloca al hombre en la condición de un deudor desesperado, el cual, al rehuir la presencia de su acreedor, le desea tácitamente estar allí donde no pueda volver a verle jamás.
Porque los beneficios obligan; y la obligación es esclavitud; lo cual, tratándose de un igual, es odioso.
Pero haber recibido beneficios de alguien a quien reconocemos como superior inclina al amor; porque la obligación no constituye una nueva humillación: y la aceptación alegre (que los hombres llaman Gratitud) es un honor tributado al benefactor que por lo general se toma como retribución.
Asimismo, recibir beneficios, aunque sea de un igual o de un inferior, siempre que haya esperanza de retribución, predispone al amor: pues, en la intención del receptor, la obligación es de ayuda y servicio mutuos; de donde procede una emulación sobre quién excederá en el bien hacer; la contienda más noble y provechosa posible, en la cual el vencedor se complace con su victoria y el otro se ve vengado al confesarla.