persona: y que tal valor se mide comparándole con otros. Pero como no hay nada que pueda compararse con Dios en poder, no le honramos, sino que le deshonramos con cualquier valoración menor que infinita. Y así, el honor es propiamente, por su propia naturaleza, secreto e interno en el corazón. Pero los pensamientos internos de los hombres, que aparecen exteriormente en sus palabras y acciones, son los signos de nuestro honor, y estos reciben el nombre de CULTO, en latín, cultus. Por tanto, rezar a, jurar por, obedecer, ser diligente y oficioso en el servicio: en suma, todas las palabras y acciones que denotan temor de ofender o deseo de complacer, son culto, ya sean esas palabras y acciones sinceras o fingidas; y como aparecen como signos de honor, se les llama también ordinariamente honor.
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CHAPTER XLV. OF DAEMONOLOGY, AND OTHER RELIQUES OF THE RELIGION OF THE GENTILES
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