a un poder coercitivo que ate sus manos contra el pillaje y la venganza: sin considerar tampoco que la mayor opresión de los gobernantes soberanos no proviene de ningún deleite o provecho que puedan esperar del daño o debilitamiento de sus súbditos —en cuyo vigor consiste su propio ser, los cuales, al contribuir de mala gana a su propia defensa, hacen necesario que sus gobernantes les extraigan cuanto puedan en tiempo de paz, para disponer de medios en cualquier ocasión imprevista o necesidad repentina, a fin de resistir o tomar ventaja sobre sus enemigos—.
Pues todos los hombres están por naturaleza provistos de notables lupas multiplicadoras, (esto es, sus Pasiones y el Amor propio,) a través de las cuales cada pequeño pago se antoja un gran agravio; pero carecen de aquellos catalejos, (a saber, la Ciencia Moral y Civil,) para ver de lejos las miserias que se ciernen sobre ellos y que no pueden evitarse sin tales pagos.