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CAPÍTULO XXX. DEL OFICIO DEL SOBERANO REPRESENTANTE

argument, that though the Universities were not authors of those false doctrines, yet they knew not how to plant the true. For in such a contradiction of Opinions, it is most certain, that they have not been sufficiently instructed; and ’tis no wonder, if they yet retain a relish of that subtile liquor, wherewith they were first seasoned, against the Civill Authority. But to the later question, it is not fit, nor needfull for me to say either I, or No: for any man that sees what I am doing, may easily perceive what I think.

La seguridad del Pueblo requiere además, de aquel o aquellos que tienen el Poder Soberano, que la Justicia sea administrada por igual a todas las clases del Pueblo; esto es, que tanto los ricos y poderosos como las personas pobres y oscuras puedan verse reparadas de los agravios que se les hagan; de modo que los grandes no tengan mayor esperanza de impunidad, cuando cometen violencia, deshonra o cualquier Agravio contra los más humildes, que cuando uno de estos hace lo propio con uno de aquellos:

Porque en esto consiste la Equidad; a la cual, por ser un Precepto de la Ley de la Naturaleza, un Soberano está tan sujeto como cualquiera de los más humildes de su Pueblo.

Todas las infracciones de la Ley son ofensas contra la República: pero hay algunas que también lo son contra Personas privadas. Aquellas que conciernen únicamente a la República pueden ser perdonadas sin quebrantamiento de la Equidad; pues cada hombre puede perdonar lo que se hace contra sí mismo, según su propia discreción. Pero una ofensa contra un hombre privado no puede ser perdonada en Equidad sin el consentimiento de aquel que ha recibido el daño, o una satisfacción razonable.

La Desigualdad de los Súbditos procede de los Actos del Poder Soberano; y por tanto no tiene más lugar en presencia del Soberano; es decir, en un

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