De los profetas que lo fueron por vocación perpetua en el Antiguo Testamento, unos fueron Supremos y otros Subordinados: Supremos fueron primero Moisés y, después de él, el Sumo Sacerdote, cada uno en su tiempo, mientras el sacerdocio fue real; y después de que el pueblo de los judíos hubo rechazado a Dios para que no reinara más sobre ellos, aquellos reyes que se sometieron al gobierno de Dios fueron también sus principales profetas, y el cargo de Sumo Sacerdote pasó a ser ministerial. Y cuando había de consultarse a Dios, se ponían las vestiduras sagradas e interrogaban al Señor, tal como el rey se lo ordenaba, y eran privados de su cargo cuando el rey lo creía oportuno. Pues el rey Saúl (1 Sam. 13. 9.) ordenó que se trajera el holocausto, y (1 Sam. 14. 18.) le manda al sacerdote que acerque el Arca hacia él; y (vers. 19.) de nuevo que la deje, porque vio una ventaja sobre sus enemigos. Y en el mismo capítulo Saúl pide consejo a Dios. De igual manera, el rey David, después de ser ungido, aunque antes de estar en posesión del reino, se dice que “consultó al Señor” (1 Sam. 23. 2.) sobre si debía luchar contra los filisteos en Keila; y (versículo 10.) David le ordena al sacerdote que le traiga el Efod para averiguar si debía permanecer en Keila o no. Y el rey Salomón (1 Reyes 2. 27.) quitó el sacerdocio a Abiatar y se lo dio (versículo 35.) a Sadoc. Por tanto, Moisés, los sumos sacerdotes y los reyes piadosos, que consultaban a Dios en todas las ocasiones extraordinarias sobre cómo debían conducirse o qué suceso habrían de tener, fueron todos Profetas Soberanos. Pero de qué manera Dios les habló no es manifiesto. Decir que cuando Moisés subió a Dios al monte Sinaí fue un sueño o visión, tal como la tuvieron otros profetas, es contrario a la distinción que Dios hizo entre Moisés y los demás profetas, Núm. 12. 6, 7, 8. Decir que Dios habló o apareció tal como es en su propia naturaleza es negar su infinitud, invisibilidad e incomprensibilidad. Decir que habló por inspiración o infusión del Espíritu Santo, en tanto que el Espíritu Santo significa la Divinidad, es hacer a Moisés igual a Cristo, en quien
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CAPÍTULO XXXVI. DE LA PALABRA DE DIOS, Y DE LOS PROFETAS
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