todo lo que dijesen, pero no todo lo que hiciesen. Es decir, que obedeciesen sus Leyes, pero que no siguiesen su Ejemplo.
El tercer lugar es Juan 21:16: «Apacienta mis ovejas», que no es un poder para hacer leyes, sino un mandato para enseñar. Hacer leyes pertenece al señor de la familia, quien, por su propia discreción, elige a su capellán, así como a un maestro de escuela para enseñar a sus hijos.
El cuarto lugar, Juan 20.21, está en su contra. Las palabras son: «Como el Padre me envió, así también yo os envío». Pero nuestro Salvador fue enviado a redimir (mediante su muerte) a cuantos creyeran; y a prepararlos, por su propia predicación y la de sus apóstoles, para su entrada en su reino; el cual, como él mismo dice, no es de este mundo, y nos ha enseñado a rogar por su venida en el futuro, aunque rehusó (Hechos 1.6,7) decir a sus apóstoles cuándo vendría; y en el cual, cuando llegue, los doce apóstoles se sentarán sobre doce tronos (cada uno quizás tan alto como el de San Pedro) para juzgar a las doce tribus de