Gobierno temporal y espiritual no son sino dos palabras introducidas en el mundo para hacer que los hombres vean doble y confundan a su legítimo soberano. Es verdad que los cuerpos de los fieles, después de la Resurrección, no solo serán espirituales, sino eternos; pero en esta vida son groseros y corruptibles. No hay, por tanto, más gobierno en esta vida, ni del Estado ni de la religión, que el temporal; ni enseñanza de ninguna doctrina, lícita para ningún súbdito, que el gobernante tanto del Estado como de la religión prohíba enseñar; y ese gobernante debe ser uno solo, o de lo contrario sobrevendrán necesariamente la facción y la guerra civil en el Estado, entre la Iglesia y el Estado; entre los espiritualistas y los temporalistas; entre la espada de la justicia y el escudo de la fe; y (lo que es más) en el pecho de todo hombre cristiano, entre el cristiano y el hombre. Los doctores de la Iglesia se llaman pastores; también los soberanos civiles. Pero si los pastores no están subordinados unos a otros, de modo que pueda haber un pastor supremo, se enseñarán a los hombres doctrinas contrarias, de las cuales ambas pueden ser falsas, y una debe serlo necesariamente. Quién sea ese pastor supremo, según la ley de la naturaleza, ya ha sido demostrado; a saber, que es el soberano civil; y a quién le ha asignado la Escritura ese cargo, lo veremos en los capítulos siguientes.
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CAPÍTULO XXXIX. DE LA SIGNIFICACIÓN EN LA ESCRITURA DE LA PALABRA IGLESIA
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