sobre ellos”. Habiendo, por tanto, desechado a Dios, en cuyo Derecho gobernaban los Sacerdotes, no quedó otra autoridad para los Sacerdotes que aquella que el Rey tuviera a bien concederles; la cual era mayor o menor según los reyes fueran buenos o malos. Y en cuanto al Gobierno de los asuntos Civiles, es manifiesto que estuvo todo en manos del Rey. Pues en el mismo Capítulo, versículo 20, dicen que quieren ser como todas las Naciones; que su Rey será su Juez, e irá delante de ellos, y librará sus batallas; es decir, que tendrá toda la autoridad, tanto en la Paz como en la Guerra. En lo cual se contiene también la ordenación de la Religión; pues no había por entonces otra Palabra de Dios mediante la cual regular la Religión que la Ley de Moisés, la cual era su Ley Civil. Además, leemos (1 Reyes 2.27.) que Salomón > “echó a Abiatar para que no fuese sacerdote del Señor”; tenía, por tanto, autoridad sobre el Sumo Sacerdote, como sobre cualquier otro Súbdito; lo cual es una gran señal de Supremacía en la Religión. Y leemos también (1 Reyes 8.) que él dedicó el Templo; que bendijo al Pueblo; y que él mismo en persona hizo aquella excelente oración utilizada en la Consagración de todas las iglesias y casas de Oración; lo cual es otra gran señal de Supremacía en la Religión. Asimismo, leemos (2 Reyes 22.) que, cuando hubo duda acerca del Libro de la Ley hallado en el Templo, la misma no fue decidida por el Sumo Sacerdote, sino que Josías envió tanto a él como a otros a consultar al respecto con Hulda, la profetisa; lo cual es otra señal de la Supremacía en la Religión. Por último, leemos (1 Cron. 26.30.) que David hizo a Hasabías y a sus hermanos, hebronitas, Oficiales de Israel entre ellos al Occidente, > “en toda la obra del Señor, y en
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CAPÍTULO XL. DE LOS DERECHOS DEL REINO DE DIOS EN ABRAHAM, MOISÉS, LOS SUMOS SACERDOTES Y LOS REYES DE JUDÁ
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