Lo cual se enuncia de nuevo (1 Cor. 15.21, 22) con mayor perspicuidad en estas palabras: «Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados».
# Textos concernientes al lugar de vida eterna para los creyentes
Por lo que toca al lugar donde los hombres han de gozar de aquella Vida Eterna que Cristo ha obtenido para ellos, los textos aducidos a continuación parecen situarlo en la Tierra. Porque si así como en Adán todos mueren, es decir, han perdido el Paraíso y la Vida Eterna en la Tierra; de igual modo en Cristo todos serán vivificados; entonces todos los hombres serán hechos para vivir en la Tierra; pues de otro modo la comparación no sería apropiada. A esto parece concordar lo del Salmista (Sal. 133.3): “Sobre Sión mandó Dios la bendición, vida eterna”; pues Sión está en Jerusalén, sobre la Tierra; así como también lo de San Juan (Apoc. 2.7): “Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del Paraíso de Dios”. Este era el árbol de la vida eterna de Adán; pero su vida había de haber sido en la Tierra. Lo mismo parece ser confirmado de nuevo por San Juan (Apoc. 21.2) cuando dice: “Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido”; y nuevamente en el v. 10 con el mismo efecto: Como si dijera que la nueva Jerusalén, el Paraíso de Dios, a la segunda venida de Cristo, descendería del Cielo al pueblo de Dios, y no que este subiría a ella desde la Tierra. Y esto en nada difiere de lo que los dos varones con vestiduras blancas (esto es, los dos ángeles) dijeron a los apóstoles que estaban mirando a