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CAPÍTULO XLII. DEL PODER ECLESIÁSTICO

# Pablo y Bernabé hechos apóstoles por la iglesia de Antioquía

Después de él nunca fue ordenado ningún otro Apóstol, sino Pablo y Bernabé, lo cual se hizo (como leemos en Hechos 13.1,2,3) de esta manera.

«Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el llamado Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con el tetrarca Herodes, y Saulo. Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado”. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron».

Por lo cual se manifiesta que, aunque fueron llamados por el Espíritu Santo, su Llamamiento les fue declarado, y su Misión autorizada por la particular Iglesia de Antioquía. Y que este llamamiento suyo fue al Apostolado, se hace patente por el hecho de que ambos son llamados (Hechos 14.14) Apóstoles: Y que fue en virtud de este acto de la Iglesia de Antioquía por el que fueron Apóstoles, lo declara claramente San Pablo (Rom. 1.1) al usar la palabra que el Espíritu Santo usó en su llamada: Pues él se titula a sí mismo, > “Apóstol apartado para el Evangelio de Dios;” aludiendo a las palabras del Espíritu Santo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo, &c.” Pero como la obra de un Apóstol era ser Testigo de la Resurrección de Cristo, alguien puede preguntar aquí cómo San Pablo, que no conversó con nuestro Salvador antes de su pasión, pudo saber que

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