no debieron haberse dejado sin traducir, tal como lo están en las Biblias latina y modernas; porque por medio de ello parecen ser los nombres propios de los demonios, y los hombres son seducidos con mayor facilidad para creer la doctrina de los demonios, que en aquel tiempo era la religión de los gentiles, y contraria a la de Moisés y a la de Cristo.
Y porque por el Enemigo, el Acusador y el Destructor se entiende el Enemigo de aquellos que estarán en el Reino de Dios; por lo tanto, si el Reino de Dios después de la Resurrección está sobre la Tierra (como en el capítulo anterior he demostrado mediante la Escritura que parece estar), el Enemigo y su Reino deben estar también en la Tierra.
Pues así también fue en el tiempo antes de que los judíos hubieran depuesto a Dios. Porque el Reino de Dios estaba en Palestina; y las naciones de alrededor eran los Reinos del Enemigo; y, en consecuencia, por Satanás se entiende cualquier Enemigo Terrenal de la Iglesia.