existieran en absoluto espíritus (lo cual se acerca mucho al ateísmo directo); y por ello tal vez provocaron aún más a los demás a calificar a tales hombres de endemoniados, antes que de locos.
Mas, ¿por qué procede entonces nuestro Salvador a curarlos como si estuvieran endemoniados, y no como si estuvieran locos?
A lo cual no puedo dar otra clase de respuesta que la que se da a aquellos que aducen la Escritura de igual modo contra la opinión del movimiento de la Tierra. La Escritura fue escrita para mostrar a los hombres el reino de Dios y preparar sus mentes para que se conviertan en sus súbditos obedientes, dejando el mundo y su Filosofía a la disputa de los hombres, para el ejercicio de su Razón natural.
Ya sea que el movimiento de la Tierra o el del Sol produzca el día y la noche, o que las acciones desorbitadas de los hombres provengan de la Pasión o del Diablo (con tal de que no lo adoremos), todo es uno en lo que atañe a nuestra obediencia y sujeción a Dios Todopoderoso, que es aquello para lo cual fue escrita la Escritura.