aunque en su mayor parte sean efectos de hablar sin prudencia y del miedo a la deshonra, en uno o en ambos combatientes; quienes, comprometidos por la temeridad, son empujados a la liza para evitar la desgracia.
Escudos y blasones de armas hereditarios, cuando tienen privilegios eminentes, son honorables; de otro modo, no: pues su poder consiste ya sea en tales privilegios, en riquezas, o en alguna otra cosa que es igualmente honrada en otros hombres.
Esta clase de honor, comúnmente llamada hidalguía, deriva de los antiguos germanos. Pues jamás se conoció tal cosa donde las costumbres germanas eran desconocidas. Ni está en uso en ninguna parte donde los germanos no hayan habitado.
Los antiguos comandantes griegos, cuando iban a la guerra, llevaban sus escudos pintados con los emblemas que les placían; a tal punto que un pavés sin pintar era signo de pobreza y de soldado raso; pero no transmitían la herencia de ellos.
Los romanos transmitían las marcas de sus familias: mas eran las imágenes, no los emblemas de sus antepasados.
Entre los pueblos de Asia, África y América no hay, ni hubo jamás, tal cosa. Solo los germanos tuvieron esa costumbre; de quienes ha pasado a Inglaterra, Francia, España e Italia, cuando en gran número auxiliaron a los romanos o hicieron sus propias conquistas en estas partes occidentales del mundo.
Por lo que toca a Alemania, estando antiguamente, como todos los demás países en sus principios, dividida entre un número infinito de pequeños señores, o jefes de familia, que guerreaban continuamente unos con otros; aquellos señores, o jefes, principalmente con el fin de ser conocidos por sus seguidores cuando iban cubiertos de armas, y en parte