como planta. Mas el hombre muere, y es cortado; aun perece el hombre, ¿y dónde está él?”. Y (versículo 12) “el hombre yace, y no se levanta hasta que no haya cielos”. ¿Pero cuándo es que no habrá cielos? San Pedro nos dice que es en la resurrección general. Pues en su 2ª Epístola, capítulo 3, versículo 7, dice que “los cielos y la tierra que hay ahora, están reservados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos”, y (versículo 12) “esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendidos, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”. Por tanto, cuando Job dice que el hombre no se levanta hasta que no haya cielos, viene a ser lo mismo que si hubiera dicho: la vida inmortal (y en la Escritura el alma y la vida suelen significar lo mismo) no comienza en el hombre hasta la resurrección y el día del juicio; y tiene por causa, no su naturaleza específica y su generación, sino la Promesa. Pues San Pedro no dice: “Esperamos cielos nuevos y tierra nueva (de la naturaleza), sino de la
Por último, visto que ya se ha demostrado a partir de diversos pasajes evidentes de la Escritura, en el capítulo 35 de este libro, que el Reino de Dios es una República Civil, en la que Dios mismo es Soberano, en virtud primero del Antiguo Pacto, y desde entonces del Nuevo, en el cual reina por medio de su Vicario, o Teniente; esos mismos lugares demuestran, por tanto, también que tras la segunda venida de nuestro Salvador en su Majestad y gloria, para reinar de manera efectiva y eterna, el Reino de Dios ha de estar en la Tierra. Pero debido a que esta doctrina (aunque probada mediante pasajes de la Escritura ni escasos ni oscuros) parecerá una novedad a la mayoría de los hombres, tan solo la propongo; no sosteniendo nada en esta, ni en