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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencias XI, XII y XIII

Sea cual sea la explicación de la caridad, esta puede borrar todas las barreras humanas habituales.

He aquí, por ejemplo, un caso de no resistencia cristiana extraído de la autobiografía de Richard Weaver. Weaver fue un carbonero, en su juventud boxeador semiprofesional, que llegó a ser un evangelista muy querido. Las peleas, después de beber, parecen haber sido el pecado hacia el cual sintió originalmente que su carne se inclinaba con mayor perversidad. Tras su primera conversión sufrió una recaída, que consistió en darle una paliza a un hombre que había insultado a una muchacha. Sintiéndose con la idea de que, una vez caído, tanto daba pecar por mucho que por poco, se emborrachó y fue a romperle la mandíbula a otro hombre que lo había retado hacía poco a pelear y lo había tildado de cobarde por negarse como hombre cristiano; menciono estos incidentes para mostrar cuán genuino es el cambio de corazón que implica su conducta posterior, la cual describe de este modo:⁠—

“Bajé por la galería y encontré al muchacho llorando porque un compañero de trabajo intentaba quitarle la vagoneta por la fuerza. Le dije:⁠— “«Tom, no debes quitarle esa vagoneta». “Me maldijo y me llamó diablo metodista. Le dije que Dios no me había mandado dejar que me robase. Maldijo de nuevo y dijo que me echaría la vagoneta encima. “«Bueno —le dije—, vamos a ver si el diablo y tú son más fuertes que el Señor y yo».

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