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nydus/The Varieties of Religious ExperiencePublic
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Conferencia XIX

A veces esta constatación de que los hechos son de envío divino, en lugar de ser habitual, es casual, como una experiencia mística. El padre Gratry ofrece este ejemplo de su período de melancolía juvenil:⁠—

“Un día tuve un momento de consuelo, porque me encontré con algo que me pareció idealmente perfecto. Era un pobre tamborero que tocaba retreta por las calles de París. Caminaba detrás de él al regresar a la escuela la víspera de un día festivo. Su tambor marcaba la retreta de tal manera que, al menos en ese momento, por muy quisquilloso que fuera, no pude encontrar ningún pretexto para poner tachas. Era imposible concebir más energía o espíritu, mejor compás o medida, mayor claridad o riqueza que en aquel redoble. El deseo ideal no podía ir más lejos en esa dirección. Quedé encantado y consolado; la perfección de este mísero acto me hizo bien. El bien es al menos posible, me dije, ya que el ideal puede a veces encarnarse de este modo”.

En la novela de Sénancour, Obermann, se registra un levantamiento transitorio similar del velo. En las calles de París, un día de marzo, se topa con una flor en plena floración, un junquillo:

“Era la expresión más fuerte del deseo: era el primer perfume del año. Sentí toda la felicidad destinada al hombre. Esta inefable armonía de almas, el fantasma del mundo ideal, se alzó en mí por completo. Jamás sentí nada tan grande ni tan instantáneo. No sé qué forma, qué analogía, qué secreto de relación fue el que me hizo ver en esta flor una belleza sin límites.⁠ ⁠… Nunca encerraré en un concepto esta potencia, esta inmensidad que nada expresará; esta forma que nada contendrá; este ideal de un mundo mejor que uno siente, pero que, al parecer, la naturaleza no ha hecho real”.

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